El impacto ambiental de la contaminación tecnológica

En el mundo hay actualmente más de 3.500 millones de teléfonos inteligentes y 22.000 millones de dispositivos conectados a Internet, y todo parece indicar que esas cantidades se duplicarán durante esta década, en parte gracias a nuevas tecnologías como el 5G. Todo estará conectado a Internet, intercambiando información que será almacenada y procesada en grandes centros de datos

Los beneficios y las oportunidades de esta revolución digital son innegables pero también presenta problemas evidentes y otros que no lo son tanto. Temas de privacidad, seguridad y confidencialidad aparte, somos poco conscientes del impacto ambiental de la tecnología. En este artículo te contaremos qué es y en qué consiste la contaminación tecnológica. 

Tipos de contaminación tecnológica

El uso de prácticamente cualquier bien de consumo, como los productos o servicios tecnológicos, tiene algún tipo de impacto sobre el medio ambiente. Si tuviéramos que clasificar diferentes ejemplos de contaminación tecnológica según los riesgos asociados, podríamos hablar de aquellos derivados de la fabricación de productos tecnológicos, del uso de los mismos y de su disposición final cuando terminan su vida útil.  

Fabricación de dispositivos tecnológicos: lucha por las materias primas

Teléfonos móviles, portátiles, ordenadores de escritorio, baterías y todo tipo de gadgets tecnológicos están formados por elementos como el zinc, el cobre, el hierro o el aluminio, metales preciosos como el oro, el platino o la plata y compuestos metálicos menos conocidos como el coltán, así como diferentes tipos de plásticos y de vidrio. 

La industria minera es la principal proveedora de las materias primas metálicas necesarias para la fabricación de aparatos electrónicos. Extraer materias primas y refinarlas es una actividad con un impacto ambiental y paisajístico muy grande. Para complicar la situación, gran parte de las minas están situadas en países en vías de desarrollo, sobre todo en el continente africano, muchas de ellas en estados fallidos, con gobernantes corruptos y legislaciones medioambientales cuanto menos relajadas.

Entre las materias primas más deseadas destaca especialmente el coltán, denominado “oro negro”, un metal que contiene tantalio, un elemento químico con características idóneas para la fabricación de componentes electrónicos de pequeño tamaño, ideales para nuestros teléfonos móviles. La mayor parte de este material procede de Ruanda y la República Democrática del Congo, donde muchas minas son propiedad de grupos armados que emplean a  trabajadores en condiciones lamentables. Instituciones internacionales como UNICEF denuncian que hay más de 40.000 menores trabajando en estas minas. Violaciones de los derechos humanos se unen, en este caso, al impacto ambiental ocasionado por el desarrollo de la tecnología, mediante una actividad minera que no cumple con las normas básicas de prevención, seguridad y respeto al medioambiente.

Consumo de datos y el calentamiento global

La popularización de la tecnología y la mejora de las redes de comunicación provocan un incremento exponencial de los dispositivos conectados a Internet. Mediante nuestros teléfonos móviles solicitamos servicios, enviamos mensajes y descargamos música, en definitiva, aumentamos el tráfico de datos por la red. Y todos estos datos contribuyen a la contaminación tecnológica, ya que necesitan lugares seguros dónde almacenarse y ser tratados, lo llamados data centers o centros de datos

A medida que aumenta el volumen de datos, crece el número de centros de datos para almacenarlos. Estas instalaciones necesitan electricidad para mantener los servidores, sistemas de almacenamiento, dispositivos de redes y también los sistemas de refrigeración. El consumo es tan elevado, un 2% de la producción eléctrica mundial, lo que provoca que las emisiones de gases de efecto invernadero de los data centers sea similar al de las aerolíneas.

Grandes empresas como Google, Microsoft o Amazon trabajan para mitigar la contaminación ambiental de sus nuevas tecnologías, buscando reducir el consumo energético de sus centros de datos, optimizando los sistemas y los algoritmos y también ubicando muchos de ellos en zonas de bajas temperaturas, donde es más sencillo refrigerar los servidores sin consumir energía. 

Residuos de aparatos eléctricos y electrónicos

En la actualidad casi cualquier dispositivo tecnológico se reemplaza mucho antes de llegar al final de su vida útil. Algunas prácticas deshonestas por parte de la industria, como la obsolescencia programada, suponen uno de los ejemplos más claros de contaminación tecnológica, de manera que reducen de forma consciente la vida media de un aparato electrónico para forzar al consumidor a comprar uno nuevo.  

Pero, como hemos visto antes, todos estos aparatos contienen metales y compuestos químicos que, si no son tratados correctamente, pueden provocar contaminación tecnológica con consecuencias para el medioambiente. 

La solución a este tipo de polución pasa por la reutilización y el reciclaje. Mediante la reutilización, los aparatos eléctricos y electrónicos pueden tener una segunda vida, lo que extiende su vida útil, y mediante el reciclaje se evita la extracción de materias primas de las minas, evitando que acaben dañando nuestro entorno o exportados a vertederos del tercer mundo, en los que recicladores informales trabajan en condiciones insalubres.