El futuro energético de Europa y cambio climático

La Comisión Europea y los Gobiernos de los 28 llegaron este año a un acuerdo el pasado mes de junio sobre la directiva de energías renovables, que debe servir de guía para la transformación del sistema energético europeo para los próximos años.

Finalmente, acordaron que el 32% de toda la energía final consumida en la UE en 2030 deberá ser de origen renovable. Es un punto intermedio entre la posición de partida de los Gobiernos de los 28, que propusieron un 27%, y la de la Eurocámara, que pedía un 35%.

El acuerdo incluye también la creación de un fondo para el desarrollo de energías renovables que ayude a las comarcas carboneras de Europa. El carbón para generar electricidad se perfila como el gran perdedor de la lucha contra el cambio climático debido a los gases de efecto invernadero que expulsa cuando se quema.

Es por esto que algunos países muy dependientes de este combustible (como Polonia) pedían ayudas como compensación para sus zonas mineras. En España, algunas áreas de Asturias y Castilla y León, también se podrán beneficiar.

El objetivo general del 32% para 2030 es un punto de entendimiento entre los Gobiernos de los 28 y el Parlamento Europeo. Ahora esa cuota europea ronda el 17%. Pero más allá de la meta concreta para 2030 es importante que se haya incluido una revisión (al alza) en 2023.

Ese objetivo deberá aumentar si se requiere para que Europa cumpla con los compromisos del Acuerdo de París o si la reducción de costes de las tecnologías renovables hace que sea más fácil ser más ambiciosos.

Lo que no se ha logrado es incluir objetivos individuales para cada Estado, como los que existen ahora. Estos objetivos son un arma de presión para los Gobiernos, que se ven examinados en el cumplimiento de esas metas por la opinión pública. La Comisión sí elaborará informes sobre los esfuerzos de cada país y lo que contribuyen al objetivo general de 2030. Pero solo serán indicativos.

Autoconsumo

Finalmente, las cargas al autoconsumo (con sistemas de paneles solares en los hogares, por ejemplo) como el llamado impuesto al sol estarán vetadas en la UE hasta al menos diciembre de 2026. A partir de ese momento los Estados podrán decidir si las incluyen atendiendo a una serie de parámetros fijados para que el sistema eléctrico pueda sostenerse económicamente.

Además, se establece una cláusula por la que se fija como derecho recibir una remuneración de acuerdo con el valor de mercado por la energía que se vierta a la red. Y también se fija que los paneles en una vivienda o conjunto de viviendas pueden ser propiedad de un tercero, siempre según las mismas fuentes negociadoras. En el pacto a tres bandas se ha incluido también un apartado sobre interconexiones entre Estados; se fija un objetivo del 15% para 2030.

El cambio de rumbo de españa

Las posturas entre los Estados miembros no han sido unánimes durante esta larga negociación que arrancó a principios de año. Incluso, se han dado cambios de última hora en algunos de los Gobiernos. Es el caso, por ejemplo, de España. Hasta el reciente cambio de Gobierno, el Ejecutivo español había aceptado a regañadientes un objetivo de renovables del 30% para 2030. Pero la entrada de Pedro Sánchez en La Moncloa ha supuesto un cambio de rumbo y el Ejecutivo español ha defendido en esta última fase negociadora llegar al 35%. La misma posición han mantenido Italia, Suecia y Portugal.

Francia ha sido algo más conservadora, un 32%, la misma cifra que se ha acordado finalmente. Mientras que Reino Unido y los países del bloque del Este eran partidarios de ir más despacio y dejarlo en un 30% o incluso menos.

Acuerdo agridulce

La supresión de trabas como el impuesto al sol ha sido aplaudida por las organizaciones ecologistas, como Greenpeace. “Acabar con estas medidas era una de las exigencias centrales de Greenpeace y de la sociedad civil recogidas por el Parlamento Europeo durante las negociaciones”, ha resaltado la organización ecologista.

Sin embargo, tanto Greenpeace como otras asociaciones y formaciones han lamentado que el acuerdo se haya quedado en el 32%. El acuerdo es agridulce porque no hay suficiente ambición para el objetivo de renovables en 2030 y no estamos en la senda del Acuerdo de París.